Blog del escritor René de la Barra Saralegui Narrador, ensayista y poeta Fotografo aficionado
martes, 29 de octubre de 2019
lunes, 28 de octubre de 2019
domingo, 20 de octubre de 2019
UNA RESEÑA A LA CARRERA: PSICOLOGÍA DE LAS MASAS Y ANÁLISIS DEL “YO”
Me había propuesto escribir una
reseña sobre Bécquer, pero los graves acontecimientos ocurridos en Chile en los
últimos días me hicieron pensar que hablar de una poética posromántica podría
parecer un despropósito. La masiva protesta de los últimos días ha llevado a los
políticos a mostrar una vez más su incompetencia y entretenerse en la adjetivación,
tratando de hacer distingos entre la protesta pacífica y la protesta violenta, como
si no se trataran de una sola cosa: protesta. Olvidan al viejo Aristóteles que
distinguía entre sustancia y accidentes (características no sustanciales). Concedo
que el adjetivo «violento» referido a los saqueos e incendios provocados intencionalmente
resulta descriptivo, del mismo modo que aporrear una cacerola para manifestar
descontento puede ser descrito como un modo «pacífico» de protesta. Pero centrar el
análisis en la características que toma el movimiento social es preocuparse de
los aspectos superficiales, y pretender que con reprimir los actos violentos
traerá la paz social resulta iluso. Lo único que se puede lograr de ese modo es
una prórroga. Pensar que quienes participan en actos violentos son todos delincuentes,
o en el mejor de los casos, anarquistas desquiciados, tampoco me parece tan
claro.
En los hechos participan multitudes carentes de orgánica, entre las cuales, probablemente, no hay solo delincuentes y desquiciados sino también vecinos de vida generalmente correcta. ¿Qué mueve a personas comunes y corrientes a embriagarse de violencia? ¿Cómo es que una dueña de casa participa en un saqueo? ¿Por qué son tan ineficientes los llamados a la cordura? Preguntas como esa me hicieron recordar un libro de Freud: Psicología de las masas y análisis del yo. Lo había leído el año 2001, de modo que se imponía una relectura. Sin embargo, la urgencia solo me permitió una lectura somera y las conclusiones a las que arribo deben ser consideradas provisionales.
¿Cómo es que una dueña de casa participa en un saqueo?
La respuesta de Freud remite a Gustavo
Le Bon, quien dice:
El más singular de los fenómenos
presentados por una masa psicológica es el siguiente: cualesquiera que sean los
individuos que la componen y por diversos o semejantes que puedan ser su género
de vida, sus ocupaciones, su carácter o su inteligencia, el solo hecho de hallarse
transformados en una multitud les dota de una especie de alma colectiva. Esta
alma les hace sentir, pensar y obrar de una manera por completo distinto de
como sentiría, pensaría y obraría cada uno de ellos aisladamente.
Freud lo explica mediante la caída
de los mecanismos de represión:
El individuo que entra a formar
parte de una multitud se sitúa en condiciones que le permiten suprimir las
represiones de sus tendencias inconscientes.
La interpretación que ofrece
tiene uno de sus ejes en la identificación entre los individuos en la masa en torno
a afectos muy primarios que los lleva a obviar toda otra diferencia. La rabia
es uno de esos afectos.
Aspectos formales
Freud expone sus tesis con una
de las técnicas más socorridas del ensayo: primero nos aporta la visión de
otros autores con los que no está de acuerdo o lo está solo en forma parcial,
realizando algunos comentarios destinados casi siempre a demostrar la «insuficiencias» de sus
postulados y resaltar aquí y allá algunos «aciertos». Luego
de desmenuzar su opinión, corregir sus «errores» y
descartar sus tesis, inicia la exposición de sus propios postulados, abundando
en ejemplos tomados, por desgracia, solo de la clínica y no del análisis de actuaciones
de la masa, excepción hecha de la iglesia y el ejército, masas que denomina
artificiales y en las cuales el «amor» al líder actúa como aglutinador
por medio de la identificación de sus miembros entre sí.
El autor no utiliza tecnicismos de modo que cualquier lector puede comprender la mayor parte del ensayo. Sin embargo, deberá consultar otros títulos del propio Sigmund Freud para familiarizarse con conceptos como narcicismo primario, ideal del yo, yo ideal, etc.
Conclusiones
El libro
tal vez está un tanto desactualizado y no resulta suficiente para comprender
del todo el fenómeno. El razonamiento con el que enfrenta el tema es deductivo
y tiene por premisa sus trabajos anteriores, por lo que explica la conducta de
las masas sin un estudio de fenómenos de masa concretos. Recurre, como
explicación, a las fallas que observa en mecanismos como la represión, que
permiten la construcción de cultura. Sin embargo, aun con dichas deficiencias,
se trata de un texto ilustrativo, que debiera ser leído sobre todo por las
autoridades del país.
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Psicología de las masas y análisis del “yo”. Sigmund Freud, Obras completas. Editorial Biblioteca Nueva, Madrid 1996.
Psicología de las masas y análisis del “yo”. Sigmund Freud, Obras completas. Editorial Biblioteca Nueva, Madrid 1996.
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sábado, 12 de octubre de 2019
PLATERO Y YO

Este
año, sin embargo, he saldado con placer esa deuda y el leído aquel libro que
eludí tontamente, y no me pareció cursi sino más bien hermoso. Lo menos que puedo
hacer entonces es escribir estas notas.
Juan
Ramón Jiménez fue
un poeta español, nacido en 1881 y muerto 1958. Obtuvo el Premio Nobel de Literatura en 1956. Fue partidario de la república
durante la guerra civil española de 1936 y tuvo que dejar España incluso antes
del triunfo del franquismo a causa de la creciente hostilidad contra los
intelectuales por parte de la prensa socialista. Vivió su exilio en Estados
Unidos y Puerto Rico.

Entre sus obras podemos citar Ninfeas, Almas de violeta, 1900, Rimas,
1902, Arias tristes, 1902, La soledad sonora, 1911, Sonetos
espirituales, 1917, Diario de un poeta
recién casado, 1917, Platero y yo (edición
completa), 1917, etc.
El libro, a despecho de su forma narrativa, es poesía de principio a fin y narra la tierna relación del poeta con su burro, Platero, siendo el elemento central el sentimiento amoroso mutuo. Por las características
de la obra y el ideario artístico del autor me seduce abordar su análisis a la luz del formalismo ruso, escuela crítica preocupada por el
análisis inmanente del texto literario, independiente del contexto y la
biografía del autor, poniendo énfasis en aquello que hace que un texto sea literario
y se diferencie de cualquier otro tipo de escrito. Para esta escuela, el
lenguaje cotidiano se genera en forma automática y su discurso no produce extrañeza. En cambio, un texto literario logra la desautomatización del
lenguaje, provocando en el lector una suerte de extrañamiento, en términos del cual se ha de aquilatar la obra.
Una
aproximación purista, por lo tanto, me obligaría a prescindir por completo de
elementos externos al texto y no creo eso sea posible. En cambio, no resulta
difícil encontrar elementos que muestren el valor inmanente de la obra. Ya en
la «advertencia» se observa un lenguaje que se aleja del uso cotidiano. La cita
a Novalis hermana el relato con un corpus
artístico, un referente que, a despecho de ser un anclaje cultural trascendente
y externo a la obra[1],
evidencia un recurso literario (hablar con la voz de otro, pensar con las ideas
de otro) que lo desmarca del habla habitual, mucho más inmediatista, de modo
que esta cita es ya un esbozo de desautomatización. Es más, se trata de una
cita metafórica «Dondequiera que haya niños, existe una edad de oro», lo que le
da un valor mayor como recurso literario, reforzando el extrañamiento. Pero ya
antes, en la primera frase, Juan
Ramón Jiménez utiliza el hipérbaton («este breve
libro», en lugar de este libro breve) y luego una metáfora que hermana la
alegría y la pena («la alegría y la pena son gemelas»), anticipando las
emociones que el lector experimentará en el libro, sin que al hacerlo le
arrebate el placer de irlas descubriendo. Hemos de tener en cuenta que se trata
de una «advertencia», el autor aún no ha entrado de lleno en la obra y ya
prodiga un lenguaje que lo aparta de la norma. En el último párrafo derrocha
recursos: «Isla de gracia, de frescura y de dicha, edad de oro de los niños;
siempre te hallé yo en mi vida, mar de duelo». En un lenguaje normativo tendría
que haber dicho: «En mi vida, que es triste, siempre encontré la alegría de la
niñez». Las comparaciones se siguen de metáforas: «Edad de oro de la niñez» se
compara con una «isla de gracia, de frescura y de dicha», que es a su vez otra
metáfora, en la medida en que apela a una etapa de la vida marcadamente
distinta de las demás y de ahí su carácter insular. Como es de esperar, esta
prodigalidad de recursos, con la consecuente desautomatización del lenguaje,
prosigue en el resto del libro. Imágenes, comparaciones, metáforas que permiten
que incluso el paisaje presente connotaciones anímicas: «Ahí está el ocaso, todo
empurpurado, herido por sus propios cristales, que le hacen sangre por doquiera.
A su esplendor, el pinar verde se agria, vagamente enrojecido; y las hierbas y
las florecillas, encendidas y transparentes, embalsaman el instante sereno de
una esencia mojada, penetrante y luminosa. Yo
me quedo extasiado en el crepúsculo. Platero, granas de ocaso sus ojos negros,
se va, manso». No es solo el embelesamiento lo que trasmite este pasaje.
También comunica paz y calma, y, a la vez, melancolía y cierto monto de
angustia (la herida, la sangre).
De
entre las frases más bellas destaco aquella que dice: «Los espejos de azabache
de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro». Uno se queda
maravillado por la imagen, al tiempo que disfruta la última metáfora (la
primera, «los espejos de azabache» ha ido desgastándose con el tiempo, si bien
conserva su eficacia). El lenguaje cotidiano se conformaría con decir que
Platero tiene los ojos negros, lo que demuestra el logro estético del autor, al
conseguir que los ojos de Platero (y Platero) resulten algo único.
La
narración (fábula) es apenas una excusa para la belleza y lo que en verdad
interesa es cómo está contada la historia. Cuesta encontrar, incluso leyendo el
texto completo, demasiados motivos determinantes. Podría citar la alegría (lo
entrañable que era Platero, cómo lo querían los niños y la relación mutuamente
amorosa y comprensiva con el poeta); la tristeza (la muerte de Platero, la niña
tísica) y nuevamente la alegría (el alma de Platero vive)[2].
Entre los motivos libres puede referirse el episodio del perro sarnoso
(capítulo XXVII), aunque comparte también el determinante de la tristeza. El
motivo de la alegría (título del tercer capítulo) aparece ya en el capítulo I.
En la descripción de Platero, se explicita con una metáfora: «viene a mí con un
trotecillo alegre que parece que se ríe». El motivo del ocaso, en el segundo
capítulo, podría comprenderse, no solo como un elemento bucólico y anímico,
sino también como la anticipación del motivo de la muerte, lo que hablaría de
una armonía en la construcción del relato, estructurándolo como una polifonía
construida en diferentes niveles semánticos y formales. La frase «se dijera, a cada
instante, que vamos a descubrir un palacio abandonado...», podría entenderse
como un anticipo de la resurrección de Platero, replicando en un capítulo la
estructura general de la obra[3].
Debo
concluir sabiendo que estas páginas resultan insuficientes para una crítica,
incluso de un texto tan breve como Platero y yo. El formalismo
ruso no se agota en los aspectos que he
esbozado y quedaron pendientes importantes aproximaciones, como las de Vladimir Propp. Por otra parte, me parece necesaria
una mayor flexibilidad al estudiar un texto, de modo lograr mayor riqueza
interpretativa. Utilizar más de una aproximación teórica sería, a mi modo de
ver, no solo una buena opción sino además una necesidad.
Termino
recomendando la lectura de Platero y yo a todos quienes aman la poesía y
vibran con la belleza.
[1] Parte del credo del formalismo ruso era
que la obra literaria debía ser estudiada sin relación con otros textos, sin
embargo, he preferido no abordar la crítica de un modo purista, de manera de
poder mostrar un recurso literario más, que ejemplifica, por partida doble, la
desautomatización que consigue Juan
Ramón Jiménez.
[2] El concepto de vida, muerte y
resurrección, propio del cristianismo, aparece aquí como nuclear, resulta ser
el motivo que subyace en el nivel inferior de la trama y una muestra de cómo es
imposible sustraerse de los determinantes culturales. Bajtín consideraba que la ideología no
puede separarse de sus productos.
[3] No corresponde, dentro del marco
teórico que sigo, preguntarse si el autor era consciente o no de las
anticipaciones que observo, en cambio me parece que hablan de una obra de
varios niveles, correctamente integrados.
lunes, 7 de octubre de 2019
SI MAÑANA LLUEVE
Si mañana llueve reúne lo mejor de los
cuatro primeros libros de Hurón
Magma: Palomas de lluvia (1985), Bajo otro cielo
(1987), El árbol de los sueños (1998) y Los cuentos de Ariadna y
otros poemas (2009). El poeta, radicado en Cunco,
lejos de la élite literaria santiaguina, ha cultivado una poesía delicada,
ajena a los exabruptos de la vanguardia y a la férula del metro.
Hurón
Magma (Edgardo
Añazco, en la vida ciudadana) pertenece a la generación del
80, signada por la dictadura y su poética pudo derivar hacia una literatura de
denuncia, pero, salvo algunos versos tempranos, pronto comprendió que lo suyo
era distinto. Sus poemas
giran en torno el amor, el recuerdo de los muertos, la evocación del paisaje y
los elementos, la reminiscencia de lo cotidiano y, en las últimas décadas, la
exploración del simbolismo
mapuche, sin caer en una belicosidad impostada ni el
exhibicionismo fácil, y sin sumergirse en el verso críptico que exige del
lector una lectura en clave. Esto no implica una falta de compromiso con su
pueblo, pues Hurón
Magma no es un esteticista sino un esteta que asume su
compromiso con el ser humano indagando en el alma sin estruendos, renunciando a
la diatriba y cultivando una poética delicada y cercana.
La obra de Hurón
Magma se hermana con el ideario de casi toda la poesía
sureña: la presencia de la naturaleza como determinante espiritual del hombre.
La mención de Neruda
y Jorge
Teiller entre sus influencias pareciera insoslayable, sin
embargo, Hurón
Magma prescinde de la fuerza telúrica del premio Nobel y de
la nostalgia desgarradora de Teiller,
y no fatiga al lector con largos versos y estrofas interminables. Sus poemas
se posan en el alma con la levedad de las gotas de rocío. Su poesía es de un
lirismo sutil, equilibrado y diáfano, y aunque su lenguaje es sencillo, no
pretende simular el habla cotidiana y se aleja tanto de la ironía de Nicanor
Parra como de la poesía narrativa de PabloAzócar.
Una característica de su estilo es la maestría con la que
administra el lenguaje poético, de modo que no resulta evidente el uso de la
técnica y el lector acaba el poema embelesado sin que le quede claro el modo en
que lo cotidiano y lo elemental se hermanaron para crear una emoción nueva o
evocar un recuerdo dormido. Una segunda lectura permite apreciar las imágenes y
metáforas que van construyendo, con las palabras de siempre, una atmósfera y un
sentido nuevo. Baste con citar como ejemplo dos versos de Si llueve, el poema inaugural de la antología:
Te
esperaré en los pinos
Con
mis manos de agua.
Manos que gotean bajo la lluvia, que se trasparentan
hasta disolverse en la espera. Disolución que evoca en paso del tiempo, que
devuelve toda forma de vida a los elementos esenciales. El tiempo de Hurón
que no apela al río heraclitiano, sino el compás de la eterna lluvia del sur.
En otro poema nos ofrece esta metáfora:
En
este rincón de mis manos
se
oculta todo el mar
y el
secreto de haber pecado una noche.
¿Qué otro mar puede ser sino la huella que deja en las manos la
piel de la mujer amada?
A veces la figura literaria comprende todo el poema:
Antes
de mirarnos
Esta manera de
mirarnos
Como un aguacero que comienza.
No quiero extenderme en más ejemplos. Dejo como aperitivo algunos
poemas del autor además de un vídeo.
Antes de
terminar, debo advertir que conozco a Edgardo
Añazco lo suficiente como para considerarme su amigo (a Hurón
Magma aún no termino de conocerlo). Durante la adolescencia
solíamos caminar por las calles de Temuco,
haciendo crujir la hojarasca bajo nuestros pasos –vocación de peripatéticos que
nos permitía hablar de poesía. El lector tiene derecho a pensar que mi
entusiasmo nace de dicha amistad. Sin embargo, la crítica
que han recibido sus poemas
y los análisis que se les han dedicado me libran de la
sospecha del panegírico. Quien quiera comprobarlo no tiene más que leer Si
mañana llueve. Un libro entrañable.
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