LLUVIA





El pueblo estaba de fiesta; era el único y definitivo milagro que ocurría en toda su historia de miseria. Los hombres, bailaban de gozo, y las mujeres, emocionadas, lloraban todas por igual. 
Llovía oro. Las pepitas rebotaban sonoramente contra el pavimento y se acumulaban en las acequias, formando pozas amarillas.
Hasta hubo un arcoíris que brilló toda la noche.
A Camila Mayorga se le murió el marido por aquellos días. Una nubada lo sorprendió en medio de la calle. Cincuenta perdigones áureos le perforaron el cráneo, y siguió lloviendo sobre su cadáver.
Ahora tiene cómo alimentar sus siete hijos.


(De La sexualidad de las vocales)