lunes, 14 de octubre de 2013

FORTUNA



    Casi tropezó con el cadáver. Lo habían acuchillado y lo dejaron tirado en plena calle, junto a un bar de mala muerte. Pensó que podría tener algún dinero y que no le importaría que se lo llevara. Miro a todos lados y cuando creyó que nadie lo veía, lo revisó rápidamente. Sólo tenía unos pesos en el bolsillo, no mucho, pero alcanzaba para una cerveza… Se los quito con la punta de los dedos, para no mancharse con sangre.
Cuando se incorporó, había dos policías junto a él. Uno de ellos, le puso las esposas, mientras el otro, caminó hasta un sitio eriazo y comenzó a hurgar entre los matorrales.
No tardó mucho: regresó con un estoque que aún goteaba sangre.