jueves, 23 de mayo de 2013

PORTADA DE "EL EXTRAÑO HECHIZO DE LA NOCHE"

Amigos, una novedad: de la editorial Mundibook me enviaron, para confomridad y revisión, la portada y contraportada de mi libro "El extraño hechizo de la noche".
Le dejo para que opinen:
 
PORTADA, CONTRAPORTADA, LOMO  Y SOLAPA

PORTADA IMPRESA

PORTADA DIGITAL
 

jueves, 9 de mayo de 2013

BIOGRAFÍAS III: OSCAR MARABUNTA



     Oscar "Cachito" Marabunta, cantor popular de valses peruanos, conocido también como el Gardel de Lima, nació en realidad en Cuenca, Ecuador, aunque algunos de sus biógrafos afirman,  que su verdadera cuna fue Machala, y otros, los menos, Guayaquil; en los años setenta se encontró su partida de bautismo, estableciéndose como lugar de nacimiento Piura, Perú (1900), pero después de una bullada controversia y la intervención de peritos norteamericanos, se descubrió que se trataba de una falsificación, bastante burda, por cierto, que sólo una mezcla de nacionalismo infantil y entusiasmo popular, adecuadamente promovido por la industria discográfica, pudo hacer creíble. Hasta la fecha, en Lima, se venden copias de la partida apócrifa, que turistas cándidos y generosos, se llevan como recuerdo. Historiadores y musicólogos concuerdan en que la data de su nacimiento se sitúa entre los años 1898 y 1902; se dice que nació de madre indígena y padre presidiario y que fue engendrado en la cárcel, a la vista de reclusos onanistas y guardias corruptos. Su nacimiento prematuro marcó el destino de su madre, quien fue degollada por su progenitor, en su primera salida dominical, presa de unos celos desquiciados; cuando se disponía a matar al lactante, faro de su vergüenza, notó cierto lunar en una de sus nalgas, semejante al que había heredado del abuelo y éste de su bisabuelo, y que más tarde inspiraría la letra de uno de los valses del artista, cuya música, en todo caso, se ha extraviado, y sólo consta en una reproducción de mala calidad de un cuaderno de notas, que podría ser de él. Una vez que comprobó que el bebé era suyo, Olegario Marabunta, padre indiscutible del Gardel de Lima, huyó a la frontera, y fiel a su apellido predatorio, sobrevivió robando, vagando y asesinando a quien se le pusiera por delante; luego de un par de meses, comprendió que vivir del pillaje y criar a un lactante no se avenían adecuadamente,  y acosado por la policía y otros maleantes, entregó a su hijo en un convento de religiosas, quienes lo criaron hasta la pubertad, fecha en comenzó a trabajar como albañil, y cada tanto, en labores agrícolas. A los veinte años, comenzó a cantar en bares marginales, para incrementar sus escasos ingresos y poder viajar a Lima, para abrirse camino en la música. Cuando ya había reunido el dinero suficiente, un cazador de talentos decidió que debía viajar a México y organizó para él una gira promocional; una semana después, despareció con los quinientos dólares que le había entregado para realizar los trámites migratorios y comprar el pasaje. Como solo una parte del dinero provenía de sus ahorros, y el resto de empréstitos que le concedieron los dueños de los bares en los que cantaba, debió posponer por cinco años el viaje a la capital, cinco años en los que, sin cobrar un sol, debió arrullar con su voz las noches de juerga de los pobres de Piura, para saldar la deuda con sus acreedores. Con el tiempo, algunas radios le abrieron sus puertas, y trabajó como junior y relator deportivo, antes de comenzar a cantar con cierta regularidad. Cuando por fin pudo llegar a la capital gozaba de cierto prestigio como relator deportivo, por lo que pudo ganarse la vida en sus primeros años, en espera de una oportunidad en el espectáculo. En 1947 grabó su primer disco, que de inmediato lo catapultó a la fama, recibiendo premios nacionales y un enorme reconocimiento internacional; ganaba dinero a manos llenas, y sin embargo su excesiva prodigalidad, sobre todo con orfelinatos y obras religiosas, lo llevó a la ruina, al tiempo que lo convirtió en una suerte de santo en vida, digno de veneración. A mediados de los años cincuenta, estuvo involucrado en un lío de faldas con la mujer de un congresista, que terminó con un tiroteo en la casa de gobierno; el sicario fue abatido por las fuerzas policiales y el cantante se recuperó luego dos cirugías, varias transfusiones y cuatro meses de hospital, pero las investigaciones de la policía nunca llegaron a establecer una conexión entre el político cornudo y el asesino abatido. De vuelta en el espectáculo, realizó, en menos de un año, seis giras por todo el país, grabó tres discos y fue invitado a radicarse en Miami, en donde su estilo causaba furor. Sin embargo, como aún estaba abierta la causa judicial incoada en contra de los responsables de la balacera en la casa de gobierno, las autoridades le aconsejaron no salir del país. Diez años más tarde, una afección a la laringe, producto de su afición por el tabaco, le impidió seguir cantando; por un tiempo, las mujeres encontraron que su voz aguardentosa era sensual, pero con los años, hasta las emisoras más modestas se olvidaron de él. Acuciado por el hambre, se embarcó en un buque de carga, rumbo a Costa de Marfil, con el oscuro propósito de llegar a llegar a Liberia y enriquecerse extrayendo diamantes, pero nadie sabe a ciencia cierta si ese fue su destino, ya que existen versiones que afirman que se unió a una orden de clausura y que dirige un coro de mojes, que entonan himnos gregorianos en alabanza de Dios.  

miércoles, 8 de mayo de 2013

LA ORUGA



     Llega un momento en la vida en que uno se pregunta si valdrá la pena seguir respirando, y mira las flores marchitas que Marta se ha olvidado de tirar la basura, porque aunque somos veinte en la oficina, Marta es la única mujer y la única capacitada, por tanto, para tan ancestral y trascendente labor, lo que de paso me recuerda los papeles ajados que se resisten a caer en el correspondiente papelero, y ruedan o se deslizan, acomodándose graciosamente a su postrera anatomía, hasta el estrecho pasillo que queda entre los escritorios, siendo evitados escrupulosamente por todos, o casi todos, porque no falta el distraído que los pisa y deja sobre ellos la triste huella de un cuarenta y tres, digo esto sabiendo que un papel pisado, que enseña impúdico la huella de un zapato, se ve definitivamente mal e invade con su suciedad todo la oficina, pero igualmente se hace la vista gorda, porque aquello corresponde a los empleados de aseo, que entran en escena a después de las nueve, cuando ya estoy en casa y he librado la primera escaramuza con mi mujer, que se resiste a acomodarse a los cánones de princesa encantada, aunque, para ser honesto, tampoco me he tomado la molestia de salir del capullo y no paso de oruga, una oruga repugnante, bastante más cerca del sapo que del príncipe, y más encima con olor a vino de dudosa cepa, como si ello fuera razón suficiente para respirar.