domingo, 7 de abril de 2013

Avance de mi novela "El pirata del callejón Chorrillos"



El día que murió el “Bolsillos Largos”, Joel estaba bebiendo en una de las mesas de “El Rosedal”; discutía con sus hombres la conveniencia de aceptar o no un trabajo que les habían ofrecido la víspera: se trataba de remar en medio de la noche hasta un carguero filipino, a la gira en la bahía, descargar cierta mercancía y venderla al menudeo.
El “Bolsillos Largos” estaba parado junto a la Caja, contando los billetes que había ganado durante la jornada, cuando, repentinamente, se puso pálido, se llevó ambas manos al pecho y cayó fulminado sobre el piso del bar. Joel hizo la señal de la cruz, por respeto al muerto, y se esfumó en las brumas de la noche.
Nadie se habría atrevido a culparlo por una muerte que no había sido infligida  por mano ajena, sino por el infortunio, las trasnochadas, la buena mesa y un débil corazón. Sin embargo, él intuyó que con esa muerte, “El Rosedal” dejaba de ser el lugar seguro que hasta ese día fue.