viernes, 12 de octubre de 2012

SORPRESIVO




El encuentro  fue tan sorpresivo, que uno de los relojes anduvo al revés…
La bala salió girando del pecho, la sangre salpicada volvió a las arterias y la herida cerró bruscamente; el proyectil recorrió presuroso el camino de vuelta hacia el estampido, penetró milimétrico por el cañón de la pistola, se acomodó en la recámara y el gatillo volvió suavemente a su lugar.
El puñal del intruso, en cambio, se mantuvo fiero en las entrañas del hombre que empuñaba la pistola. 
 



©René de la Barra Saralegui