jueves, 2 de agosto de 2012

¡QUE SE JODAN!: LA CONTRA-CONSIGNA


¡Qué se jodan! Ha dicho hace poco una diputada española, en el momento en que se anunciaron nuevas medidas de “austeridad”, que dañan al ya malherido pueblo español. Y ¡que se jodan! ha respondido con amargura Manuel Meneses Jiménez, en un artículo difundido en INTERNET, pensando en el ciudadano común, ese que se arrellana en su sofá a mirar semi-idiotizado la TV, y que carece del más mínimo repertorio de respuestas frente a una realidad que lo aplasta y somete. ¡Qué se jodan! porque debiera levantarse, y no lo hace, porque debiera rebelarse y se resigna, porque debiera defenderse y tan sólo se queja.
 Sin embargo, pienso que, aunque la crítica es correcta, que asumir el "¡que se jodan! como contra-consigna, no es un aserto feliz, en tanto desconoce aspectos del aparato de dominación post moderno que conllevan a la desmotivación, aplanamiento y sojuzgamiento de los esclavos contemporáneos, de los cuales, querámoslo o no, somos parte; ya Marcuse, en los años 80, en "El Hombre Unidimensional", describía parte de dicha forma de dominación; Noam Chomsky ha sacado a la luz, brillantemente, otros aspectos del control que ejercen los grandes poderes sobre las personas. El Schok, descrito por Naomi Klein, es también otro de los recursos del sistema.
Por otra parte, solemos caer en la falacia de que el acceso masivo a la información debiera "remover consciencias", si es que el peso de la realidad no las ha sacudido lo suficiente todavía; sin embargo, Lyotard, a mi juicio bastante afín al sistema, entrega otra pista en dicho sentido, cuando refiere que el conocimiento actual es denotativo y no apelativo; por lo mismo, desprovisto de valor de uso y sólo investido de valor de cambio; dicho conocimiento, por tanto, es remplazable por cualquier otro, sin que deje de ser verdadero; basta con que el que lo desplaza más actual y – por supuesto – redituable. Presentismo absoluto. Y dicho presentismo, abrumador, sobre cargado, no permite formarse una perspectiva  histórica. Ahora bien ¿qué conocimiento es el que se ofrece al consumo? Obviamente, el que pautean los "decididores", vale decir, los dueños de los canales de TV, los poseedores de satélites, quienes acaparan los diarios  y los medios de difusión, los que contratan "expertos", los que enarbolan las banderas de la crisis, manteniéndonos preocupados de los guarismos de la bolsa, pero cuidándose de soslayar la pregunta de porqué los problemas de los bancos los debe resolver el Estado, porqué la población debe asumir los costos de los malos negocios del capital privado. No es de extrañar, por tanto, la entronización de la farándula y el deporte en los noticiarios de TV, la proliferación de los "reality", de las telenovelas y las películas de “acción”, sin considerar los vacíos programas "juveniles" y los engendros en los cuales la farándula habla de sí misma. La "industria de la entretención" ha  dominado el planeta; ya no es extraño ver actores mediocres que terminan siendo presidentes, gobernadores, alcaldes o diputados... La imagen, entonces, deviene en éxito. Todos los días se respira  información vacía de sustancia y valor.
El ciudadano llanto entonces subsiste (sub-existe) atrapado por la monstruosa araña del capital global.
Darle valor apelativo a la información se constituye, de este modo, en imperativo para quienes han logrado mantenerse pensantes; pero no basta con la indignación. Es imprescindible la acción.